¿A dónde vamos?
Las tres preguntas que el ser humano se hace desde que tiene conciencia de sí mismo han sido “¿quiénes somos?”, “¿de dónde venimos?” y “¿a dónde vamos?”.
Sinceramente, no tenemos ni el conocimiento ni la inteligencia necesarios para contestar estas cuestiones filosóficas dando unas respuestas que aporten algo a las que ya se han dado a lo largo de los siglos.
Sin embargo, sí que nos aventuramos a dar una respuesta a la tercera, “¿a dónde vamos?”, en lo que se refiere a los libros. No se trata de una respuesta científica sino fruto de la intuición y, posiblemente, del deseo.
Dice el sabio refranero que “cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”. El vecino en este caso es la música, aunque, sin duda, las diferencias entre literatura y música son muchas.
Es fácil recordar que hace unos pocos (muy pocos) años, cuando queríamos comprar discos o libros las posibilidades para el gran público eran pocas: alguna venta por catálogo, tiendas especializadas y los grandes almacenes.
Pero llegó Internet y “algo” cambió.
Hasta tal punto ha llegado la influencia de la red que el mundo de la música se está viendo forzado a una transformación profunda e irreversible, tanto en los formatos como en los sistemas de distribución y venta. El modelo de negocio clásico está en entredicho, más bien está caducado, y es necesario reinventar esta industria con fórmulas nuevas y que, evidentemente, no pasan por aplicar un canon injusto.
En el mundo de los libros, aunque a una escala muy diferente, Internet también ha supuesto un paso importante, pero en otra faceta, la del acceso a los libros: bibliotecas, tiendas online, repositorios de ebooks, …
En la venta de libros Internet ha sido un actor más que ha colaborado en la globalización del negocio y poco más. Hoy podemos acceder a la última entrega de Harry Potter el mismo día desde Nueva York (USA) o desde Bacares (Almería – Andalucía – España).
Pero la verdadera revolución está por llegar y ha de pasar obligatoriamente por el formato digital. Al contrario que en la mayoría de casos Internet es ahora, en lugar de un motor, un freno. ¿Miedo a verse engullidos por el intercambio de archivos? ¿Incapacidad para desarrollar un modelo de negocio diferente? Habrá que estar muy atentos a pasos como el de Amazon con su, aunque algo feúcho, nuevo dispositivo, con el que demuestran que, a pesar de todo, algo se mueve e indican claramente hacia dónde.











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