Del papel a la pantalla
Todos estaremos de acuerdo en que cambiar el hábito de lectura y pasar de leer en papel a leer en una pantalla no va a ser tarea fácil.
Un libro es un libro. Tiene 500 años de historia en su versión impresa y 5.000 desde su origen remoto en “otros formatos”.
Estamos acostumbrados al tacto del papel, a su olor, a su textura. Incluso, muchos no acaban de aceptar el uso habitual de libros de bolsillo y continúan prefiriendo los de pastas duras, mientras que otros buscan la economía y devoran libros baratos con idéntico contenido a los caros.
Cuesta trabajo pensar que estaríamos dispuestos a cambiar nuestro libro favorito con una forma que es parte de nuestra vida por un artilugio electrónico caro y frágil.
No pocas veces, en vacaciones, se enlaza la lectura con la siesta en ese sillón preferido. No es lo mismo recoger el libro del suelo tras el confuso despertar que despertarse sobresaltados por el golpe en el suelo del ebook reader.
Para muchos el romanticismo superará a la versatilidad de los nuevos dispositivos y no serán capaces de desligarse emocionalmente del libro.
Otros no serán capaces de probar las nuevas tecnologías con la excusa de que una vez intentaron leer un libro en pdf en su PC y se cansaron una barbaridad.
Pero mayores gigantes han caído. Si no, que le pregunten a los fabricantes de vinilo dónde han quedado aquellos discos de color negro. Sí, esos que para muchos jóvenes sólo son motivo de burla cuando comparan sus 33 cm de diámetro con una decena de canciones y un mp4 de tamaño ridículo con varios miles de canciones y alguna que otra película.











Aun no hay comentarios.