El mejor empleado no es quien dice a quien le sube el sueldo lo que éste quiere oír. Es el que le dice lo que, honestamente, cree que le será útil a su jefe para poder cumplir mejor con los objetivos que la empresa les ha encomendado.
En la ceremonia de los Goya de ayer Álex de la Iglesia no dijo, de hecho ya hacía un tiempo que no venía diciéndolo, aquello que quieren oír muchos de los que ayer asistían a la gala. Ni los políticos ni los compañeros de profesión. Dijo lo que, en opinión de muchos, sobre todo de quienes mejor conocen Internet, sería necesario hacer. Algo tan sencillo como buscar en la red cómo asegurar el futuro del cine en lugar de considerarla como el enemigo público número uno. Usar la red para vender cine. Usar la red para que el cine llegue a más gente.
Lo hemos dicho muchas veces en este sitio refiriéndose a los libros, cuyo futuro no dista mucho del presente del cine, por eso hoy hablamos de cine pero también de ebooks. Internet es el mejor aliado de “lo digital”. Un medio no puede ser criminalizado sistemáticamente porque quienes lo usan no siguen unas reglas diseñadas para un mundo que existió en otro tiempo. Hay que pensar – ¡qué duro!- en lugar de exigir que se cumplan las normas. Precisamente aquellos llamados a saltárselas, porque la sociedad ha delegado hace mucho tiempo en ellos el derecho a la trasgresión. En lugar de eso nos vienen con leyes y sin alternativas de valor.
Si yo no voy al cine, ¿qué alternativas me ofrece la industria cinematográfica para poder ver un estreno en mi televisor y sentado en mi butaca favorita?
Antes hacía falta una infraestructura complicada: canales de televisión, emisiones por satélite, costosos decodificadores, … Internet ha eliminado todas estas barreras y está universalizando el acceso a un mundo nuevo.
Seguro que por unos pocos euros prefiero ver en alta calidad ese estreno que me apetece en lugar de descargarlo de Internet, sin coste para mí, pero con una calidad con la que ni puedo disfrutar de la película ni apreciar valor real. ¡Ofrézcanme esa posibilidad!
Desgraciadamente, el empleado que dice a su jefe lo que quiere oír es el que acaba progresando en su empresa a costa del que, más brillante y más honesto que él, se la juega con sus opiniones propias. A Álex de la Iglesia la broma le ha costado algún que otro Goya y algún que otro millón de euros de taquilla mientras “la profesión”, ampliamente progresista, prefiere la ley y el orden en lugar del diálogo y la imaginación. Negro futuro le espera al cine.