Hace unos años un título como el de este artículo habría parecido una pregunta capciosa. Hoy puede que sea la mayor preocupación de muchos directivos de la industria editorial. Nosotros intentamos aquí dar motivos para que la respuesta a la pregunta sea “Sí”, aunque no lo tenemos fácil.
Dando una vuelta por las tiendas de ebooks, en España y también fuera, llegamos a la conclusión que son ellos los principales impulsores del intercambio gratuito de ebooks entre usuarios de Internet.
¿Ningún editor se han parado a pensar qué ventajas ha de aportar al lector para que éste decida pagar por leer cuando tiene otras alternativas?
Porque el mundo ha cambiado y hay otras alternativas, como la de acceder a miles de ebooks gratuitos a través de Internet. Esa es la realidad, guste o no guste.
La primera opción a la que se agarran con fuerza los editores y algunos autores (sólo hay que buscar cualquier comentario que hacen sobre el libro electrónico) es pedir a los gobiernos que dicten leyes para perseguir a los delincuentes, curiosamente los lectores, sus clientes.
Algo no cuadra en este esquema y con la música se ha certificado su inutilidad. Cuanto más leyes, cánones, etc…, más lejanía entre el cliente y el vendedor, más justificación del cliente para saltarse al vendedor, más indiferencia del cliente ante las dificultades que su comportamiento puede producir a la industria del vendedor.
Quizá el error de base, como ya hemos comentado en otros artículos, es que aún se nos considera lectores y no clientes. Aquello de que el cliente siempre tiene razón y tiene el derecho de exigir, aquí no cuenta. El lector es alguien que disfruta con el libro, por lo que ha de estar agradecido a quien lo ha escrito y a quien se lo ha facilitado. En efecto, algo no cuadra.
Siendo pragmáticos, el mundo de los negocios lo es, debería de tratarse de un intercambio justo de emociones (para el cliente/lector) y de compensación económica por el producto ofrecido (para editores y autores).
Si el lector puede prescindir de su condición de cliente porque no necesita comprar el libro ya que lo encuentra gratis, el editor / autor debería de ofrecer, quizá con algo de imaginación, argumentos para que el lector sea su cliente.
¿Qué encuentra el lector de forma gratuita?:
- Un “catálogo” de ebooks muy superior al oficial.
- Gratis total.
- Acceso complicado para quien no conoce un poco Internet y sus rincones.
- Formatos variados y en algunos casos con defectos de paginación o de otros tipos, pero en su mayoría, legibles y convertibles a EPUB o cualquier otro formato, e incluso personalizables con programas gratuitos.
Por tanto, no es tan difícil poner ese poco de imaginación y contrarrestar estos argumentos:
- Para las editoriales, poner a disposición del público un catálogo enorme, casi “infinito”, no debería de ser difícil cuando llevan años digitalizando sus fondos.
- Para los autores, facilitar el acceso a sus obras debería de ser su objetivo, más que conseguir una rentabilidad a corto plazo especulando con el porcentaje de los derechos de autor del formato digital. Si una obra es buena y gusta, cuantos más la lean, más acabarán comprándola (que pregunten a Kent Follet sobre la progresión de ventas de Los pilares de la tierra, ¡y sin redes sociales!).
- Precio, el justo.
- Nuevos modelos como el recientemente anunciado de 24symbols, que, sin duda, tendrá que luchar muy duro para convencer a editoriales y autores.
- Precios de compra alineados con la estructura de costes real del formato digital.
- Cuando quien compra un producto percibe que su precio no es coherente con su coste, puede llegar a sentirse estafado, argumento suficiente para justificar un comportamiento poco regular.
- Como ya ha propuesto algún autor, por la compra de su último libro, por muy pocos euros ofrecerle el resto de su obra anterior.
- …
- Acceso fácil:
- Si se ofrecen otros argumentos para pagar por el ebook, ¿por qué poner tantas dificultades conseguir el ebook e incrementar su coste con medidas de seguridad inútiles, léase DRM?
- Permitir descargas directas desde el navegador del dispositivo de lectura: desde cualquier tienda, con cualquier formato, desde cualquier sitio, …
- Buscar acuerdos con los fabricantes de dispositivos para permitir la descargas.
Seguro que hay más y mejores argumentos para contrarrestar el intercambio de ebooks en la red o, como mejor prefieren llamar editores y algunos autores, piratería y descargas ilegales. Pero, ¿hay alguien dispuesto a ponerlos en práctica?